Afortunadamente voy con tiempo. Será por mi educación “helvético-calvinista”, pero lo cierto es que me resulta inconcebible llegar tarde a una cita. Lo malo de tener interiorizado tal principio de obligado cumplimiento, es el profundo disgusto que siento cuando el día se tuerce y se las ingenia para que no pueda cumplir con la hora pactada. A estas alturas de la vida no voy a cambiar este rasgo y,...