7 minutos de soledad

7 minutos de soledad - obranuevaenmalaga

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Las 7:17 PM aparecen en la pantalla, hora de irse a casa. Mañana será otro día.

Mientras el ordenador se apaga, Clara anota en su Moleskine (la de siempre, negra, con las esquinas gastadas) las llamadas pendientes y los temas que aún tiene que cerrar esta semana. El estudio está en silencio. Se ha quedado sola. Sus compañeros se fueron hace rato. Hoy le toca apagar las luces, activar la alarma y asegurarse de que las puertas queden bien cerradas.

Es abril. El cielo despejado y la luz tardía tiñen Málaga con ese tono dorado que tanto le gusta. Respira hondo. Se nota que ya es horario estival. La calle está llena de gente estirando la tarde de este día laborable, como si hubieran olvidado que mañana tocará volver al trabajo o al cole. ¿Y qué más da? los días se han alargado y hay que aprovecharlos. Unos niños juegan a la pelota en la entrada del portal, un abuelo pasea con su nieto de la mano, una pareja en su mundo comparte algo más que un refresco bajo la sombra del toldo del bar de Paco, y varias familias charlan al salir de la iglesia. Todo eso conforma el paisaje cambiante que Carla disfruta de camino a su parada del bus.

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Es su ritual diario tras la jornada laboral. Sus siete minutos de soledad. El tiempo que tardas en leer esta publicación, el mismo que separa su lugar de trabajo del transporte público que le llevará a casa. Unos minutos a solas, o más si el cuerpo lo pide. Hoy, sin embargo, no dará aquel rodeo que le encanta por el paseo marítimo. Ha quedado para cenar con sus padres y no quiere llegar tarde.

Mientras camina, piensa y repasa todo lo acontecido durante el día. Quizás ese sea su momento preferido del día. Baja la tensión del estudio, e intuitivamente su mente desconecta para ponerse en modo analítico. Clasifica todo en dos columnas: lo que cree haber hecho bien y lo que sabe que podría haber hecho mejor … como siempre, la segunda lista parece más larga. Es consciente de que tiene que relajarse y aprender a valorar también todo lo conseguido hasta ahora. Quizás el tiempo le ayude.

¿Lo estaré haciendo bien?

La pregunta ronda su cabeza desde que asumió la coordinación de parte del equipo y sabe que siempre estará presente. Recuerda el camino recorrido hasta aquí: años de experiencias de todo tipo en varios estudios tocando casi todas las fases de un proyecto. Comenzó en Benalmádena, en un estudio especializado en local comerciales, donde adquirió conocimientos de diseño de interiores y algo de instalaciones. Unas cuantas tiendas del centro llevan su firma.

Más tarde, colaboró con un arquitecto de Marbella que diseñaba villas de gran lujo. Allí aprendió a valorar materiales, a elaborar infinidad de detalles y a vigilar la ejecución en obra con todo lo que ello conlleva. Proyectos sin margen de error para clientes muy exigentes que le obligaron a ser más rigurosa con su trabajo y a mejorar sus inglés. A cambio, la mayoría le regalaron una sólida amistad que perdura y que ella sigue cultivando, visitándolos siempre que puede, aunque ahora trabaje en otro estudio.

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Este traslado no fue fácil: se sentía a gusto en Marbella y le encantaba lo que hacía, pero algo la empujó a fichar por aquel gran estudio de arquitectura de Málaga ciudad. Muchos cambios en poco tiempo. Volver a buscar piso y trabajar en planeamiento, fueron dos de los principales retos que debió afrontar. Tras unos meses de búsqueda tuvo que conformarse con un estudio de alquiler (era eso o volver con su madre, que no se lo merecía) y se dedicó a revisar las normativas urbanísticas que tenía abandonadas desde la carrera. Reconoce que no le apasionó demasiado, pero necesitaba entender todos los mecanismos que permiten desarrollar un suelo, o por lo menos una parte de ellos. Fueron años inmersa en PPO, PE, PS, POU, PU, AAUS, DIA y otros acrónimos, proyectando futuras urbanizaciones que harían crecer la ciudad.

Con el tiempo, pidió volver a sus inicios: anteproyectos, básicos, proyectos de ejecución y dirección de obra. Sentía que se cerraba un círculo …llegó a un punto de su carrera profesional donde ella creía que ya estaba preparada para cualquier fase del proyecto.

  • ¡Que inocente fui! Murmura mientras un inoportuno claxon la devuelve a la realidad para recordarle que los pasos de peatones están para algo.

El día que le propusieron coordinar parte del estudio se dió cuenta de que nunca lo había hecho. Ni siquiera llegó a planteárselo, tampoco se lo enseñaron en la Universidad. Dijo que sí enseguida. Y casi al instante se arrepintió. Se sintió cómo aquella Clara de 20 años en su primer día de trabajo: mucha responsabilidad y miedo a equivocarse. Aquello fue una montaña rusa de dudas, compartida con todo su entorno, desde su madre hasta sus amigos más cercanos.

Todos le regalaron algún consejo. Algunos mejores que otros, pero siempre bienintencionados, aunque Clara acabó saturada de tantas recomendaciones.

Elsa: – No te olvides de escuchar con atención, muchas veces te precipitas. No le des muchas vueltas. Llámame. Un abrazo.

Sandra: – Sé clara sin ser cortante. Ya sabes a lo que me refiero. ¿Quedamos mañana para unas cervezas?

Carolina: – En los momentos de estrés (que los tendrás), no te olvides de cuidar las formas. Ya me contarás. Un beso.

Mónica: – Aunque sé que lo tienes claro, no subestimes el poder de un “gracias”. Este finde lo hablamos entre chicas.

Pablito: – Está genial, me alegro mucho por ti. Lo harás bien, seguro. ¿Por cierto, cuando te volveré a ver?

Pero fue su madre quien le dijo lo que realmente necesitaba escuchar.

-Hija, no me gusta verte tan agobiada por tu trabajo. Sólo tienes dos caminos: renunciar a ello y a todo lo que has construido hasta ahora para empezar desde cero otro proyecto profesional, o lanzarte y seguir adelante sin pensar si saldrá bien o mal. Porque ten claro que te equivocarás muchas veces, pero lo importante es reconocerlo y rectificar. No te líes.

¿Recuerdas el autor del Principito? Saint-Exupery decía: “La perfección se alcanza, no cuando no hay nada más que añadir, sino cuando no queda nada por quitar.” Olvídate de todo lo que te han dicho, comentado o aconsejado y te sentirás mucho mejor. A veces acertarás y otras aprenderás, pero nunca saldrás perdiendo.

Ahora, en este nuevo rol, Clara navega guiada por todo lo vivido, escuchado y observado. Años de apuntes mentalmente guardados en algún rincón de su cerebro, que ahora le sirven para tomar decisiones. Se apoya en su intuición. En su experiencia. En lo bueno. Evita repetir errores. A veces le toca rectificar sobre la marcha, porque casi nunca tiene toda la información. Pero si logra involucrar al equipo, no será tan arriesgado. La confianza hace que las cosas fluyan, que el trabajo tenga sentido y hasta algo de satisfacción. Que los proyectos sean de todos, no de uno propio. Suena fácil, pero es lo más difícil que ha hecho. Aun así, se siente razonablemente satisfecha con lo recorrido.

Sabe que esto no lo logrará sola. Necesitará la participación de todos por pequeño, pero no menos importante, que sea su papel. Tiene claro que un proyecto con diversidad de miras será muy positivo no sólo para el cliente, sino también para el crecimiento del equipo.

Los momentos de agobio y preocupación siguen ahí, pero los va llevando mejor. Está centrada en motivar y en atender las dudas que van surgiendo. Le falta tiempo, pero prioriza responder en el momento, sin rodeos,
aunque tenga que corregirse a los pocos minutos. Ha aprendido que se crece también desde el error, si una actúa con transparencia y se deja el ego en casa.

La amabilidad, el respeto y la empatía también son contagiosos.

¿Saldrá todo bien? No lo sabe. Pero el camino recorrido le da ánimos.

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Ya está llegando a la parada. Es su día de suerte: el autobús acaba de llegar. Mientras saluda a la fila de desconocidos que parecían esperarla, se pone sus AirPods e inmediatamente se sumerge en la primera canción de su playlist. Da las buenas tardes al chofer y elije quedarse de pie junto a una ventanilla…de pronto sonríe al recordar una ocurrencia de las compañeras esta tarde en el estudio.

Entonces, Clara desliza el índice sobre la pantalla de su móvil. Busca DELAOSSA en Spotify. Le da al play. El autobús arranca, y parece moverse al ritmo de No soy perfecto. Sube el volumen mientras observa la Fuente de las tres Gracias.

Mañana es viernes.

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José García Ruiz - obranuevaenmalagaAutor: José García Ruiz

Arquitecto coordinador de ejecución en el Estudio Ángel Asenjo y Asociados de Málaga.

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