Reflexiones neoyorquinas

nueva york josé garcía

Por fin llegó el día. Como cada año, agosto es sinónimo de “fin del mundo”: todos los clientes quieren sus proyectos y nosotros hemos de facturar para poder afrontar las vacaciones con cierta tranquilidad. Es una película ya conocida por todos: tensión, agobios, sorpresas, discusiones y una intriga creciente, por descubrir si lo lograremos, que se mantiene hasta el último minuto (spoiler alert: nuestro equipo siempre lo consigue). Un drama en el que todos los actores se implican en su papel, plenamente conscientes de que en septiembre estrenaremos una nueva temporada que será incluso mejor que esta última.

Sigo sin entender por qué Netflix todavía no cuenta en su repertorio con ninguna serie ambientada en un estudio de arquitectura…aviso a guionistas: aquí tenéis un filón sin explotar.

Este año no faltó a la tradición. El último viernes nos quedamos tres rezagados acabando un par de proyectos. El resto se despedían de nosotros a toda prisa mientras que otros ya se habían ido. Sobre las 14h48 conseguí enviar el último correo que me permitió apagar mi ordenador, cerrar el estudio y dar por finalizado este primer tramo del año 2025.

Afortunadamente algun@s compañer@s tuvieron el detalle de esperarnos en la terraza del bar Flor para tomarnos la primera cerveza de las vacaciones, la más esperada y la que mejor sabe. Gracias por aquel momento. Me sigue maravillando que algo tan sencillo pueda ser tan agradable. ¡Ya sé en qué circunstancias inconfesables se le ocurrió a Mies van der Rohe la famosa frase “Less is more”!

Por cierto, espero que la edad nunca me despoje de aquellas sensaciones tradicionalmente ligadas a la infancia y la juventud. No quiero perder esa facultad de sorprenderme por lo que ocurre a mi alrededor. Ni convertirme en alguien con la mirada cansada, un andador y una gorra roja decrépita con el acrónimo ATEM bordado en blanco: “antes todo era mejor”. Quiero conservar esa mirada curiosa e ingenua ante todo lo que siga sucediendo frente a mí.

nueva york josé garcía

Todos estos pensamientos los transcribo desde mi habitación en un hotel situado en la 7ª avenida de Nueva York, a unos pocos pasos de Central Park. Es la primera noche. Son las 4h51 de la mañana y no consigo dormir. Así que he decidido sacarle partido al jet lag y ponerme a escribir en el móvil. Curiosamente, después de más de 60 publicaciones, será la primera que “nazca” fuera de Málaga. Sin duda se quedará como la prima neoyorquina de una gran familia. Me temo que le voy a coger mucho cariño.

Nada más llegar a Nueva York, volví a sentir lo que experimenté en mi primera visita hace ya 23 años. El tiempo es implacable. Desde entonces, la ciudad parece sufrir una incipiente decadencia que, curiosamente, realza su encanto. Sigue siendo espectacular, atractiva y encandiladora. Las arrugas y la canas son cada vez más evidentes, aunque permanece viva la energía de sus años de juventud.

nueva york josé garcía

Al ver su silueta, mientras me aproximaba a ella desde el aeropuerto de Newark, la reconocí de inmediato: me emocioné como aquel Pepito de 8 años al recibir su primera bici. Sentado en el taxi, en aquel preciso momento, sonreí aliviado al comprobar que, a pesar de todos estos años, el niño no se había perdido, seguía vivo dentro de mí. Trataré de cuidarlo.

Fue Le Corbusier quien calificó Nueva York como una catastrophe magnifique (en francés, “magnífica catástrofe”). Es la definición más acertada de esta ciudad que, paradójicamente, me reconcilia con mi profesión y el consabido amor-odio que siento por ella. Nueva York es como una tienda de chucherías para arquitectos. Ya sean gominolas, caramelos o chocolatinas, estallan sabores acidulados y frutales en cuanto te las llevas a la boca. Soy goloso, confieso que las he probado todas. Te dejan un regusto placentero que muestra lo grande que la arquitectura logra ser y lo feliz que puede hacerte sentir. Cuidado, tanto el azúcar como la arquitectura son adictivos.

new york josé garcía

Tengo dos edificios que provocan en mi algo que no he vuelto a experimentar con otros. Se trata del Panteón de Roma y del museo Guggenheim de Nueva York.

Dos construcciones separadas por 2.000 años, pero unidas por la luz, tan inmaterial como esencial en la arquitectura. El óculo del Panteón dirige la luz para convertirla en la columna etérea que “sostiene” todo el edificio. Mientras que el lucernario del Guggenheim seduce a la luz para que se entrelace con la helicoide de la rampa hasta inundar la planta baja.

new york josé garcía

Rara vez obligo a mi familia a “conocer” un edificio porque entiendo que la arquitectura puede resultar, en un primer instante, difícil de entender, aunque en realidad no lo sea. Impone, y buena parte de la culpa la tenemos nosotros, los arquitectos, por no saber comunicarnos de forma sencilla con el gran público.

Personalmente lo intento, pero reconozco que la comunicación no es mi fuerte. Afortunadamente existen edificios que te lo ponen fácil y no requieren explicaciones complejas. El Guggenheim es uno de ellos. Es visita indispensable en Nueva York. En un par de días seguiremos la recomendación de Wright: tomaremos el ascensor para recorrer la rampa de arriba a abajo y realizar el paseo arquitectónico más bello del mundo. Un paseo que me reconcilia con mi profesión…porque dejarse llevar por la rampa del Guggenheim es caminar un tramo de la historia moderna de la arquitectura. Aunque no es necesario tener este conocimiento para poder valorarlo y disfrutarlo plenamente. Cualquiera que recorra la rampa helicoidal de este museo puede intuir que quien lo diseñó lo hizo con la intención de despertar emociones. Wright lo logró. Es lo que llamamos Arquitectura. Algo escaso y precioso, que no está presente en todos los edificios y que te arranca una sonrisa sin razón aparente. Porque todo no tiene por qué tener una explicación.

nueva york museo guggenhein

La buena arquitectura es la que es capaz de contar una historia entendible por todos sin perderse en descripciones filosóficas o argumentos superfluos que despistan y desvían la atención de lo esencial. Cuanto más sencillo sea el relato proyectado, mejor… You’re right, Ludwig: Less is more, but it’s quite hard to pull off. Estoy seguro de que Mies van der Rohe habría expresado todas estas reflexiones que se me ocurren mucho mejor que yo

La característica sirena de un coche de bomberos neoyorquinos acaba de extraerme de mis pensamientos, mientras su repertorio de luces parpadeantes se refleja fugazmente en el vidrio de la ventana. Está amaneciendo y debo concluir de alguna manera este texto improvisado. La noche neoyorquina ha resultado inspiradora y sospecho que el día lo será aún más. Un rayo de sol se asoma por la 7ª avenida e intenta a duras penas traspasar la cortina de mi habitación. Cosas de la edad: la ciudad que nunca dormía ahora parece adormecerse durante la noche y los despertares son más lentos. Las calles se van llenando poco a poco de ruido y de gente corriendo sin rumbo aparente. Hoy nos toca ir hasta Brooklyn para recorrer el barrio y su puente, ¡hay que aprovechar que son 6 días!

Nos veremos pronto de vuelta a Málaga.

José García Ruiz - obranuevaenmalagaAutor: José García Ruiz – Arquitecto

Socio / Dirección Técnica de Ejecución y Obra en Asenjo + Asociados.

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