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La eficiencia se acelera

Eficiencia - obranuevaenmalaga

En 1973 estalló una crisis petrolera sin precedentes. El 6 de octubre el Estado de Israel es atacado por una coalición de países árabes liderados por Egipto y Siria. En respuesta al apoyo de la mayoría de los países occidentales a Israel, la OPEP decide reducir su producción un 5% mensual, consiguiendo en tres meses multiplicar por cuatro el precio del barril. Una modificación brutal del valor del oro negro, que sumió a las economías desarrolladas y ampliamente dependientes del petróleo en una crisis profunda. Un tsunami que impactó en todos los sectores económicos y transformó la edificación con la irrupción de un nuevo concepto: el ahorro de energía. Es el final del petróleo barato y el principio de la volatilidad de su precio. Urge la aplicación de una política basada en el ahorro y el control de consumo energético de los edificios, donde se impone la necesidad de alternativas de calefacción y mejoras de las envolventes promoviendo la innovación en materiales aislantes y (aunque fue inventado en 1865) la generalización definitiva del doble acristalamiento en las ventanas.

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Actualmente, casi 49 años más tarde, nos encontramos en una situación comparable en intensidad y brusquedad: el ataque de Ucrania por parte de Rusia ha provocado no solamente la escalada de las cotizaciones del petróleo y del gas a nivel global, sino también una redistribución de la reglas de intercambios comerciales con Rusia, principal suministrador de estos combustibles fósiles y otras materias primas a Europa. Occidente no puede convertirse en la financiera de la maquina bélica rusa y se está viendo obligado a revisar urgentemente su modelo buscado su independencia energética y vías alternativas al suministro de bienes.

Estamos inmersos en un cambio de época. Llevamos varios años encajando golpes dados por acontecimientos imprevistos revelándonos incomodas realidades y obligándonos a acelerar transiciones que llevamos demasiado tiempo postergando. La crisis del Covid dejó al descubierto nuestra dependencia industrial de China, mientras que la guerra en Ucrania ha puesto el foco en el cordón umbilical energético que une la UE a Rusia.

Acabamos de ser testigos de una aceleración de la digitalización y del teletrabajo, quizás estemos a punto de presenciar un cambio, sin vuelta atrás, en nuestra escala de valores. Las energías limpias y la eficiencia en el consumo serán factores protagonistas en todos los sectores económicos, el factor ambiental se va a imponer al económico. En nuestro sector, aplicar soluciones sostenibles dejará definitivamente de ser un “nicetohave” para ser una obligación asumida por todos.

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En España, el 82% de los edificios son ineficientes, con certificaciones energéticas E, F o G. Grandes consumidores de recursos energéticos, la mitad construidos antes de 1980 (sin ninguna normativa vigente), que requieren actuaciones contundentes en sus envolventes, generación de frío/calor y agua caliente sanitaria. Un auténtico reto para el que será necesaria una inversión anual de 7.500 millones de euros (según la Eresse) y que la atomización de la titularidad de las propiedades dificulta aún más. Quizás sea el momento oportuno para un cambio normativo que facilite la toma de decisiones de las comunidades de propietarios, donde hay un gran potencial de ahorro.

El asunto de los tejados solares es revelador de la situación: en 2020 España contabilizaba 10.000 cubiertas solares fotovoltaicas, Italia tenía 600.000, Inglaterra 800.000 y Alemania un millón y medio, el líder de generación solar en Europa gracias a instalaciones de ese tipo (y no tanto por la existencia de macro plantas). Desde entonces estos números nacionales habrán mejorados, pero sin duda dejan patente el camino que queda por recorrer.

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La obra nueva deberá demostrar su compromiso más allá del estricto cumplimiento del CTE. Se generalizarán los cerramientos exteriores industrializados de calidad y las instalaciones con mayores rendimientos. A corto plazo el sector tendrá que lanzar productos capaces de alcanzar la autosuficiencia energética, para conseguir en un futuro (que llegará antes de lo que pensamos) edificios “prosumidores” que producen, almacenan y consumen al mismo tiempo. Los laboratorios de elementos de construcción seguirán desarrollando nuevos productos: después de la generalización del doble (o triple) acristalamiento durante el siglo pasado, las ventanas se convertirán en generadores de energía, gracias a nuevos materiales transparentes que permiten generar electricidad a partir de las ondas infrarrojas y ultravioletas (las no visibles) de la luz. Barrios enteros conformarán comunidades energéticas capaces de distribuir la energía captada para optimizar su consumo.

La aceleración de la inversión en renovables, junto con la necesaria reducción de las emisiones de CO2 nos encamina hacia un mercado con un modelo de vivienda 100% eléctrica. El uso de baterías virtuales ofrecerá la posibilidad de utilizar los excedentes energéticos generados en un 95% cuando cada uno lo necesite sin tener que vendérselos previamente a una eléctrica.

Las empresas que no sigan esa tendencia se quedarán fuera, emulando así, de alguna manera, el sector de la automoción, inmerso en una transformación sin precedentes, rápida e implacable.

La innovación en instalaciones sigue el mismo rumbo. La eficiencia de la aerotermia está asentando la generalización de su aplicación en viviendas. Los controles inteligentes y la digitalización de los hogares permitirán, de manera muy intuitiva, sincronizarse con el tramo tarifario más favorable, que va ligado al porcentaje de energía renovable, para que así el propietario pueda hacer una gestión activa y responsable de su consumo en todo momento.

Los acontecimientos de este emocionante primer cuarto de siglo XXI, parecen empujarnos con fuerza hacia un sistema menos globalizado, más independiente y responsable. Un brusco cambio de paradigma que fomentará la producción de proximidad, ya sea energética o de bienes. Disponemos de la tecnología para disminuir nuestra huella ambiental, pero nos faltaba el consenso para actuar conjuntamente…no nos va a quedar más remedio.

Tenemos que verlo como una oportunidad de seguir mejorando: “La crisis te obliga a hacer más con menos. Algunos de los mejores proyectos surgen de las mayores dificultades” (Norman Foster).

 

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José García Ruiz - obranuevaenmalagaAutor: José García Ruiz

Arquitecto coordinador de ejecución en el Estudio Ángel Asenjo y Asociados de Málaga

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